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un perfil psicológico de Ted Bundy

El perfil psicológico de Ted Bundy, un viaje a sus motivaciones más oscuras

Ahora que Netflix revive con un documental y una película a uno de los asesinos seriales más sádicos del siglo XX, y que fue ejecutado en la silla eléctrica, el perfil psicológico de Ted Bundy da mucho de qué hablar. Su transformación de un hombre normal a un monstruo es objeto de estudio para entender qué y cómo opera la mente de un individuo como él.

 

 

Acercamiento a un perfil psicológico de Ted Bundy

 

Después de muerto sigue hablándose de él, y no es para menos, ya que sus crímenes fueron terribles. Los asesinatos que cometió continúan estudiándose por psicólogos y criminalistas con la finalidad de ubicar patrones de conducta que emplean asesinos seriales con sus víctimas.

 

 

La apariencia, un factor

 

 

“Queremos creer que podemos identificar a las personas peligrosas, pero lo más aterrador es que no podemos. Las personas no se dan cuenta de que conviven con asesinos en potencia”, declaró el propio Bundy. Con esa elocuencia y contundencia se expresaba él, detalle que puedes escuchar en Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy.

 

Contrario a lo que se piensa de un criminal que le quitó la vida a más de 36 mujeres, aparte de abusar sexualmente de algunas, no era un tipo violento al hablar, ni decía incoherencias. Tenía el don de expresarse adecuadamente y de estructurar ideas. De hecho, esa cualidad la aprovechó para seducir a sus víctimas.

 

Dicha capacidad verbal supo combinarla con su atractivo físico y nivel de conocimientos. Apuesto, agradable y culto, resultaba un hombre interesante para varias chicas. Se aproximaba al estereotipo de perfección masculina que se introdujo entre la sociedad estadounidense con figuras cinematográficas de Hollywood como James Dean.

 

 

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Nómada

 

 

Al ritmo del juego “al gato y al ratón” que emplean asesinos seriales para confundir a la policía, el perfil psicológico de Ted Bundy arroja el rasgo de un tipo que no podía permanecer en un solo lugar por mucho tiempo y disfrutaba de mostrar su lado sádico en distintas regiones.

 

Las autoridades tardaron en darse cuenta que los crímenes de mujeres en Estados Unidos entre 1974 y 1978 eran obra de la misma persona, ya que Bundy fue trasladándose desde Oregon hasta Florida sin establecerse como ciudadano o residente de estados de Utah, Idaho y Colorado.

 

Probablemente en las profundidades de su inconsciente, Bundy deseaba ser atrapado, o al menos eso nos dicen algunos de sus patrones de conducta.

 

Ted recorrió de norte a sur el país, deteniéndose por último en Florida, entidad donde está legalizada la pena de muerte. Allí fue capturado y enjuiciado, lo que abrió un debate por saber si lo hizo con esa intención o no debido a que morir en la silla eléctrica era una manera rápida de no sufrir remordimientos.

 

 

Sin rastros de antes

 

 

Fue hasta su detención que se supieron datos precisos sobre su pasado. Previo a ello, muchas de sus víctimas nunca tuvieron interés en conocer más acerca de él, y en gran medida se debió a que Bundy basaba sus conversaciones en el presente y en el futuro, por lo que lograba que nadie indagara en cuestionarse cuál era su origen o de dónde venía.

 

Sustentándose en el argumento de que aspiraba a ser uno de los mejores abogados en Estados Unidos y que para eso se preparaba constantemente, se encontró con la oportunidad de que podía distraer a la gente para que no quisieran saber nada respecto a otros aspectos de su vida.

 

 

El perfil psicológico de Ted Bundy es tema inagotable. Helen Morrison, psiquiatra forense reconocida en Estados Unidos y autora del libro Mi vida entre asesinos en serie, concluye que criminales como Bundy son amistosos, amables y encantadores, por lo que es difícil detectar con qué personalidad sociópata lidiamos en la vida cotidiana.

 

 

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